De la abundancia del corazón / Ayuda para sanar 19

Pídele sabiduría.

(2) considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, (3) pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia. (4) y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada, (5) y si a alguno de ustedes les faltare sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie. (6) pero que pida con fe, sin dudar, porque quien duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento. (7) Quien es así no piense que va a recibir cosa alguna del Señor, (8)) es indecisa e inconstante en todo lo que hace

Santiago 1:2-8 NTI

Las bendiciones más ricas de Dios aguardan a aquellos que siguen su Espíritu, en lugar de ser dirigidos solo por sus sentidos o circunstancias.

Kenneth E. Hagin

Cuando oro por sanidad para mi cuerpo, empiezo con la promesa de Dios escrita en su palabra, entonces creo, entonces recibo, empiezo a hablar palabra de fe, hablándole a los obstáculos y dando gracias que la sanidad es mía, entonces es cuando viene el desafío de actuar por fe. Ya hemos visto que hay tres principios básicos para decidir qué acciones tomar:

  1. Haz lo que la Biblia te dice que hagas.
  2. Has lo que el amor haría.
  3. Has lo que el Espíritu Santo te indique.

En ese espacio de tiempo entre “porque lo creo, lo recibo” y ese maravilloso momento en que la fe se convierte en vista Dios me prometió que podía pedir sabiduría, y El me la daría. La pregunta es, ¿sabré reconocer cuando se me sea dada? Nos va a tomar un tiempo para desarrollar esa habilidad. Permíteme comenzar con una historia personal y algunas lecciones para aprender.

Cuando yo tenía 21 años, sufrí un accidente de espalda en mi trabajo, el dolor era horrible, por algunos días no me podía enderezar, tuve que soportar tratamientos diarios de tracción y fisioterapia. El cirujano ortopédico me informo que me hiciera a la idea de que cuando tuviera 45 años estaría paralitico, y que una nueva lesión podía aparecer en cualquier momento: “cuidado con querer levantar un lápiz.” Durante los próximos 10 años, ocasionalmente sufría episodios de dolor de espalda, algunos lo suficientemente fuertes como para mantenerme acostado por algún tiempo. Entonces algo paso.

En 1979, entregue mi vida al Señor, en 1980, asistí a una escuela Bíblica donde fui instruido en la palabra de fe y el poder de Dios para sanar. Creí y recibí la sanidad de mi espalda. De nuevo, ocasionalmente soy probado en esta área, pero la palabra de Dios me respalda muy bien. Resistí a satanás, le hable al dolor, y continúe con mi vida muy activamente. ¡Por 31 años no volví a un cuarto de emergencia!

En 2010, estábamos pastoreando una Iglesias en Tucson, estaba teniendo unos cambios físicos pero mi espalda estaba bien, ya habían pasado 17 años más de los 45, y no estaba paralitico, gracias a Dios. Un día, sentado en mi oficina, desconcertado por el alboroto de una u otra Iglesia, oí la voz del Espíritu Santo dentro de mí diciéndome, “necesitas soltar esa carga.” Esa pequeña y tranquila voz dentro de mí, me dio una advertencia muy necesaria; estaba cargando con los asuntos del ministerio, y yo no fui diseñado para eso. Estaba muy abrumado.

Puse atención por algunos días, pero pronto volví a sumergirme en el cuidado de una Iglesia adolecente. En Enero del 2011, un disco de mi espina lumbar se rompió. Ya tenía un tiempo doliendo, pero ese domingo por la mañana, al estarme preparando para el servicio de adoración, caí de rodillas del dolor, me tuvieron que llevar a ala emergencia, donde me informaron que tenía que quedarme inmovilizado y e ir a consultar a un cirujano ortopédico. Los rayos x mostraron una astilla del material del disco atorado contra el nervio, el disco estaba bastante presionado, y la vértebra adyacente tenía una grieta. ¡Que atraso!

Lección #1: El Espíritu de Dios trato de advertirme acerca de esto. Me hablo, pero no cambie mi estilo de vida a la manera que El me guio. Al contrario, redoble mi esfuerzo humano, incrementando mi régimen de correr, incrementando el número de sentadillas que hacia todos los días, y metiéndome más y más a mi trabajo. Las cosas espirituales pueden impactar y también afectar el bienestar físico, intente fortalecer mi cuerpo y aplique mucha fuerza de voluntad, pero el problema era en lo espiritual. Estaba cargando el peso que se supone es del Señor, y yo no soy una bestia de carga. Me quebré bajo tensión. Personas frecuentemente preguntan, ¿Por qué Dios permite que esto pase? En este caso, El trato de advertirme, pero yo estaba muy ocupado tratando de hacer su trabajo, que no le permití ayudarme.

Cuando visite a mi Doctor primario, reviso de nuevo la radiografía y me enseno el fragmento presionando el nervio y la línea de la fractura en la vértebra. Me puso cita para un MRI y una cita para el cirujano. El cirujano me dio buenas y malas noticias. ¡la grieta en mi vertebra había desaparecido por completo1 ¡gloria a Dios! sin embargo, la fuente del dolor seguía allí, el disco seguía muy comprimido, y el material plateado seguía presionando el nervio. Tenía la opción de inyectarme esteroides en la espina cada otro mes, o podía operarme con un 50/50 de posibilidades de que la operación fuera un éxito. Optamos por la inyección así que pusimos cita y nos fuimos a casa a orar. (No estaba muy seguro, así que nos pusimos a mirar precios para las dos opciones).

Creo firmemente en Santiago 1:5, así que cuando orábamos le pedíamos al Señor sabiduría en medio de esta prueba de fe, no tenía paz en mi corazón con ninguna de estas dos opciones. Vivía con Advil y poniéndome parches helados y calientes a cada minuto. Quería un alivio, pero no podía ignorar la luz roja del Espíritu Santo. Cancele la inyección, no paz, no procedimiento.

Lección #2: hazlo hasta que sientas paz en tu corazón, las personas a tu alrededor te podrán dar buenos consejos e ideas, porque te quieren ver sin dolor. Dios los Bendiga, pero no permitas que traspasen tu corazón. El mejor medico te va a dar el mejor consejo en base a lo que ve, esa es buena información, y es bueno que lo tomes en cuenta, pero igual, aunque tu cuerpo te lo esté gritando, no actúes hasta que sientas paz. Esto no es fácil, especialmente cuando no estas [preparado para cuando se avecina una crisis.

Un día al comienzo de la primavera, tenía pensamientos muy extraños, había recibido cupones para una admisión gratis para la exposición de casas y jardines. El Espíritu en mi interior parecía empujarme a ir, no era una voz sino un “empujón interior” ¡yo quería ir a esa exposición! Casi grite de la emoción. Solo entrar y salir del carro fue una tarea difícil, la idea de caminar en el interior del auditorio mirando ventanas contra tormentas y jacuzzis, no parecía muy atractivo para mí. De hecho, creo que no lo haría aunque me sintiera bien, pero esa urgencia en mi interior no se iba, le comunique a mi Esposa y ella me miro con curiosidad, y después de pensar varias veces en no asistir, de pronto nos encontrábamos de camino al centro de la ciudad. ¡Cuando el Espíritu Santo te habla repetidamente, obedece!

Después de una terrible línea para entrar a la arena, casi inmediatamente al llegar a la puerta, mire un anuncio de una clínica de quiroprácticos, había un escrito acerca de lesiones de espalda, una dama muy amable que se encontraba en la recepción, nos miraba y nos decía que tan maravilloso era este quiropráctico. (Yo pensé, los quiroprácticos son un poco peor que los Doctores), pero me porte respetuoso, antes de que me pudiera escapar, ella ya me estaba llevando a conocer al Doctor, me gusto de inmediato. Al irnos conociendo, resulto que crecimos en el mismo pueblo, es un muy buen cristiano, comprometido con las obras misioneras. ¡Incluso estaba familiarizado con el equipo de futbol de Oklahoma!, nos hicimos amigos en minutos. Puso mucha atención a mi historia, y me dijo que fuera a su oficina para una consulta, lo hice.

Por motivos de tu tiempo, déjame solo decirte, que los resultados fueron milagrosos, para Septiembre, ocho meses después de la lesión, ya me encontraba sin nada de dolor, casi de vuelta a mis actividades normales (ahora ando en bicicleta en vez de correr). El siguiente MRI mostro una completa mejoría del disco lesionado. La astilla que presionaba el nervio había desaparecido. (“el chico de las radiografías miraba los rayos x viejos y los nuevos, y dijo, “reverendo, no vemos esto muy a menudo.”) ¡Gracias a Dios! ¡! Estoy sano!!

Lección #3: se sensible a la voz de El Espíritu Santo en tu interior, aun y cuando se mire que no hace ningún sentido. Déjate guiar, no conduzcas, deja que la fe y el amor tome el control, y no permitas que el temor y presión externa te sigan. El Espíritu de Dios habita dentro de ti. ¡Es conveniente que prestes atención a lo que sucede dentro de ti!

Lección #4: no te enorgullezcas mucho de ir al Doctor o hacer ajustes de estilo de4 vida que estén ajenos al tuyo. Para mí, ir al quiropráctico era como sumergir a Naamán en el Rio Jordán (2 Reyes 5:8-14) no le daba mucha importancia a los Doctores, mucho menos a los quiroprácticos. ¡Dios tiene un sentido del humor volteado cuando se trata de humillarme!

Aquí está el punto: Dios te quiere sanar. El pago el precio para proveer tu sanidad. Pero en este mundo caído hay muchas ataduras. Cuando crees y confiesas y le das gracias a Él por tu sanidad, aunque los síntomas persistan, ¡no te desesperes! No pierdas el gozo y pídele sabiduría, Él te la dará. Él sabe cosas que nosotros no sabemos, así que prepárate para dar pasos que ordinariamente no considerarías. El elemento clave es discernir la voz del Espíritu de Dios y ser testigo de tu propio Espíritu. (Romanos 8:14-16)

Siguiente paso: esta semana empieza empleando nuevos hábitos:

  1. Ora en lenguas al menos por 10 minutos cada día. (mas es mejor)
  2. Pon atención en como tomas decisiones.
  3. Antes de tomar cualquier decisión, pare, guarde silencio y mire como se siente en su interior.
  4. Pare de hacer cosas que lo hagan sentir mal en su corazón y que molesten a su conciencia.
  5. Lea Santiago 1:2-8 todos los días. Apréndase un verso por día y escriba algo de lo que aprendió de cada uno de ellos, permita que la palabra lo transforme.

En nuestras siguientes lecciones creceremos en habilidad y disponibilidad para ser guiados por el Espíritu de Dios en cualquier aspecto de nuestras vidas. Dios te quiere sanar, y yo también.

Visite la página de Facebook de IEMFe para obtener más información.

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